02.05.20

Un tour de comida callejera de Cartagena que nunca olvidaré

Comida callejera cartagenera

Bajo la bendita sombra de la Torre del Reloj en Cartagena, empezó mi aventura de comida callejera con @Foodies.. Siguiendo las instrucciones como cualquier tomador de un tour de comida, hice un desayuno muy ligero; una taza de café y un bizcocho. No me equivoqué: solo podía imaginarme lo que mi estómago iba a experimentar en variedad de arepas, dulces y sorpresas durante el recorrido.

Meli, nuestra guía y chef profesional, arrancó el tour con una sonrisa contagiosa y nos contó una buena cantidad de hechos históricos que no tenía idea sobre la ciudad en la que ya entonces llevaba viviendo unos nueve meses. Con humildad me quité el sombrero de local y me dispuse como viajera de nuevo, con los ojos abiertos y admirando la paleta de colores con el resto del grupo.

Arrancamos en un puesto de arepas que nunca había notado, en un callejón con sombra que había caminado al menos cien veces antes. Explicándonos la fusión tri-cultural que tiene la arepa e’ huevo (indígena, africana y española), Meli nos pasó una bolsa de papel con una de ellas para cada uno. Pero, antes de dejarnos probar la deliciosa empanada deliciosa, nos dirigió hacia una salsa cremosa/ rosada como un imperdible. Suero, lo llamó. De este sí había oído hablar. Pero no había probado el suero con picante. Digamos que fue “amor a primera prueba” y que cada bocado desde entonces, tuvo una saludable cantidad de esa deliciosa salsa.

Nuestra siguiente parada fue para probar otra joya de la cocina callejera que nunca había visto. Una llena de historia: los recortes de prensa y fotos orgullosamente exhibidos en el lugar así lo demostraban. Este cóctel de camarones parecía ser mucho más destacado que los demás. Meli nos dijo que el secreto estaba en la salsa. Y sí, literalmente. El dueño mismo nos invitó a mí y a dos personas más del grupo a ayudarle a mezclar los ingredientes, incluyendo la salsa secreta. Normalmente no me hubiera comprado un vaso de cóctel, porque no soy una persona de pescado y mariscos, pero este, al probarlo, me fascinó.

Habiendo hecho dos paradas, estaba muy impresionada con lo que había probado, y aliviada de no haber desayunado. Con varias paradas aún por hacer, hice un compromiso silencioso conmigo misma de hacerle espacio a cada uno de los bocados o bebidas que Meli me pasara, y como si estuviese siendo requerida mi promesa de no dejar nada sin comer, me pasaron un patacón enorme y recién salido de la paila con un poco de queso fresco. Mientras lo probaba veía cómo se preparaba la doble fritura del plátano verde. “Pasa un día en Cartagena y sabrás que los cartageneros aman su comida frita”.

Siguiendo nuestro camino luego de este bocado salado llegamos al Portal de los dulces, un lugar que ya conocía demasiado bien gracias a que me volví adicta a la cocada. Esperando mi dosis de la misma, me sorprendí con una degustación de otros muchos dulces que jamás había probado: cuadrados de arequipe, panderitos, un dulce de semilas de ajonjolí con influencias árabes… Justo cuando creí que la porción dulce del paseo había terminado nos llevaron al carrito de los raspados, a probar la delicia local. Meli nos pidió que escogiéramos un sabor. Me decidí por kola con un poco de leche condensada. A pesar de haber comido tanto, me terminé el cono mucho más rápido de lo que quisiera admitir.

Sorprendentemente lista para más, continuamos a un lugar llamado El Polo Norte. Ahí probamos la joya conocida como la empanada china, una especie de wonton relleno de queso y papa creación de la abuela del hombre chino detrás del mostrador. Según Meli, el también deberá crear una receta inédita de empanada o arepa antes de pasarle el negocio al siguiente miembro en línea de la familia. Mucha suerte le deseo, señor.

De ahí pasamos al Parque Bolívar por un ligero y refrescante bocado de mango biche y una maravillosa conversación con Palenqueras que salaron y cortaron ese mango verde en nuestras manos. Y, como si nos hubiera leído la mente, apareció un carro de limonada y nos bebimos un vaso de limonada recién exprimida.Toda esta experiencia termina en una juguería local que se llama Sierva María, donde todos fuimos capaces de terminarnos un coctel de ron y corozo mientras hacíamos un recuento de todo lo que probamos y lo placentero que fue. Yo, por otro lado, estaba también tratando de entender cómo era posible que me hubiera faltado probar la escena callejera de comida en Cartagena. ¡Gracias a dios por la existencia de los expertos foodies locales!

*Amber Dunlap es una escritora y viajera freelancer. Pueden seguir sus historias en su página amberdunlap.com y ver sus visitas en su cuenta de ig @amber_dun

Tour comida callejera cartagenera

Comida callejera en Cartagena

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